17.3.08

Nosotras y el lavabo público

Por el correo electrónico van circulando cadenas de e-mails, que van pasando de uno a otro, se van reenviando y muchas veces acaban llegándote los mismos repetidos. Es lo que me ha pasado con este que cuelgo aquí, me ha llegado un par de veces o tres con bastante tiempo de diferencia de una vez a otra. Es el típico e-mail que cuando te vuelve a llegar al cabo de un tiempo te hace recordar la otra vez que lo leíste y te ríes de la misma forma que lo hiciste, porqué es así, no es de esos pesados y repetitivos, es gracioso y muy real.
Es largo, pero si eres mujer te sentirás casi en todo momento identificada y si eres hombre, entenderás por qué solemos tardar tanto en el lavabo o por qué vamos casi siempre en parejas o en grupos. Es una cadena de correo electrónico, no me he parado a corregir todas las faltas ni a poner comas y puntos en los sitios exactos, así que respirad cuando creáis oportuno (si léeis en voz alta, que es poco probable) y limitaros al contenido así no os dolerá tanto la vista, yo AVISO xD


Y aquí empieza:

El gran secreto de todas las mujeres respecto a los lavabos públicos es que de pequeña tu mamá te llevaba al baño, te enseñaba a limpiar la tabla del inodoro con papel higiénico y luego ponía tiras de papel cuidadosamente en el perímetro de la taza.

Finalmente te instruía: ‘Nunca, nunca, te sientes en un baño publico

Y luego te mostraba la posición que consiste en balancearte sobre el inodoro en una posición de sentarse sin que tu cuerpo haga contacto con la taza.

La Posición es una de las primeras lecciones de vida de una niña, súper importante y necesaria, nos tiene que acompañar durante el resto de nuestras vidas. Pero aún hoy en nuestros años adultos, la posición es dolorosamente difícil de mantener cuando tu vejiga está a punto de reventar.

Cuando tienes que ir a un lavabo público, te encuentras con una cola de mujeres que te hace pensar que dentro está Brad Pitt. Así que pides el turno y esperas paciente, sonriendo amablemente a las demás mujeres que también están discretamente cruzando piernas y brazos. Es la posición oficial de me estoy meando.

Finalmente te toca tu turno, pero siempre llega la típica mamá con la niña pequeña que no se puede aguantar más y aprovechan para saltarse ambas la cola con todo el morro!. Entonces verificas cada cubículo por debajo para ver si no hay piernas. Todos están ocupados. Finalmente uno se abre y te lanzas casi tirando a la persona que está saliendo. Entras y te das cuenta que el cerrojo no funciona (nunca funciona); no importa...

Cuelgas tu bolso del gancho que hay en la puerta, y si no hay gancho (nunca hay gancho), inspeccionas la zona, el suelo esta lleno de líquidos indefinidos y no te atreves a dejarlo ahí, así que te lo cuelgas del cuello mientras miras como se balancea debajo tuyo, sin contar que te desnuca la correa, porque el bolso está lleno de mierdas que fuiste metiendo dentro -la mayoría de las cuales no usas, pero que las tienes por si acaso- ...

Pero volviendo a la puerta... como no tenía picaporte, solo tienes la opción de sostenerla con una mano, mientras que con la otra de un tirón te bajas las bragas y tomas la posición... Alivio...... AAhhhhhh....por fin... Ahí es cuando tus muslos empiezan a temblar.... por que estás suspendida en el aire, con las piernas flexionadas, las bragas cortándote la circulación de los muslos, el brazo extendido haciendo fuerza contra la puerta y un bolso de 5 kgs. colgando de tu cuello.

Te encantaría sentarte, pero no tuviste tiempo de limpiar la taza ni la cubrirte con papel, interiormente crees que no pasaría nada pero la voz de tu madre retumba en tu cabeza jamás te sientes en un water público!, así que te quedas en la posición con el tembleque de piernas, entonces por un fallo de cálculo en las distancias una salpicada finísima del chorro te salpica en tu propio culo y que ¡¡¡te moja hasta las medias!!! Tienes suerte si no te mojas tus propios zapatos, y es que adoptar la posición requiere una gran concentración.

Para alejar de tu mente esa desgracia, buscas el rollo de papel higiénico peroooo, ¡joooooder...! el rollo esta vacío...! (siempre)


Entonces suplicas al cielo que entre los 5 kgs. de trastos que llevas en el bolso haya un miserable kleenex, pero para buscar en tu bolso tienes que soltar la puerta, dudas un momento, pero no hay más remedio y en cuanto sueltas la puerta, alguien la empuja y recibes un portazo que tienes que frenar con un movimiento rápido y brusco, sin miramientos o todo el mundo te vera semi-sentada en el aire con la bragas por la rodilla ¡¡NO!! Entonces gritas ¡¡¡O-CU-PA-DOOOO !!!', mientras continúas empujando la puerta con tu mano libre, das por hecho que todas las que esperan en el exterior han oído tu mensaje y ya puedes soltar la puerta sin miedo, nadie intentará abrirla de nuevo, (en eso las mujeres nos respetamos mucho) y te dispones a buscar tu kleenex sin agobios, te gustaría usar más de uno pero sabes lo valiosos que son en casos similares y te apañas con uno por si acaso.

En ese preciso instante se apaga la luz automática del baño, en un cubículo tan reducido no puede ser tan difícil encontrar el interruptor! Das la luz de nuevo con la mano del kleenex porque la otra sigue sujetando tus bragas, vas contando los segundos que te quedan para salir de allí, sudando por que llevas el abrigo puesto ya que no hay perchero, y es que, hay que ver el calor que hace en esos sitios tan pequeños y en esa posición de fuerza en la que sigues, con los gemelos a punto de estallar.

Sin contar el cabreo que llevas por el portazo, el desnuque con la correa del bolso, el sudor que corre por tu frente, la salpicada del chorro en las piernas y en las medias, que todavía están mojadas... el recuerdo de tu mamá que estaría avergonzadísima si te viera así; porque su culo nunca tocó el asiento de un lavabo público, porque francamente, tu no sabes qué clase de enfermedades podrías agarrar ahí.

Pero la debacle no termina... estás exhausta, cuando te pones de pie ya no sientes las piernas, te recolocas la ropa rápidamente y tiras de la cadena ¡sobretodo! Si no funciona preferirías no salir jamás de ese lavabo ¡qué vergüenza! entonces sales al lavamanos. Todo esta lleno de agua así que no puedes soltar el bolso ni un segundo, lo cuelgas al hombro, no sabes cómo funciona el grifo con los sensores automáticos así que tocas hasta que sale un chorrito de agua fresca, y consigues jabón, te lavas en una posición de jorobado de Notre Dame para que no se resbale el bolso desde tu hombro y acabe en la pica del baño bajo el chorro automático, el secador de aire es un trasto inútil así que acabas secándote las manos en tus pantalones, por que no piensas gastar otro kleenex para eso! y sales pasando junto a la línea de mujeres que aún están esperando con las piernas cruzadas y en estos momentos eres incapaz de sonreír cortésmente, consciente de que has pasado ahí una eternidad.

Tendrás suerte si no sales arrastrando un trozo de papel higiénico pegado a tu zapato del largo del río Mississippi, o peor aún, con la falda arremangada pillada por tus medias que te subiste a la velocidad de la luz y enseñando el culo! Y sales.

En este momento ves a tu chico que ha entrado, usado y salido del lavabo de hombres y que tuvo tiempo de sobra para leer Guerra y Paz mientras te esperaba. ¿Por qué has tardado tanto? te pregunta irritado.

Había mucha cola te limitas a decir.

Y esta es la razón principal por la que las mujeres vamos en grupo al lavabo, por solidaridad, ya que una te aguanta el bolso y el abrigo, la otra te sujeta la puerta, otra te pasa el kleenex por debajo de la puerta y así es mucho más sencillo y rápido ya que tú solo tienes que concentrarte en mantener la posición y la dignidad.

1 comentario:

Lau dijo...

También lo habia leido hace bastante tiempo.. aunk un poco exagerado esta mol be xD
Muakens!