23.3.09

El rostro

Iba andando por la calle, como muchas otras veces, hacia la librería, a comprar uno de los tantos libros que le encargaba su madre. La chica, normalmente caminaba cabizbaja, pensando en sus cosas, escuchando música, sin fijarse mucho en su alrededor ni en las personas anónimas con las que se cruzaba. Ese día, precisamente, no llevaba los auriculares puestos, porque se le habían gastado las pilas del mp3. Estaba llegando ya a su destino, cruzó por un paso de cebra y en dirección contraria a la suya cruzaba también una mujer corriendo, imaginó que tendría prisa. Le dio por levantar la cabeza, acto reflejo que se hace cuando alguien pasa cerca de ti corriendo, y vio su cara.

Siguió caminando pero su cabeza había dejado de pensar, se bloqueó por un momento. No sabía si lo que había visto era producto de su imaginación o era real. Pensó que ojala hubiera sido irreal, por ella, pero creyó que no podía haber tenido una visión así, sino es que estaba mal de la cabeza. De repente, le invadió un sentimiento de vergüenza, de sí misma, por quejarse o sentirse incómoda alguna vez por tonterías en comparación. En este caso, se trataba de la cara, porque de eso se trataba, de la cara de esa mujer, porque quejarse, se queja todo el mundo de todo. Fueron pocos segundos que la vio, por eso no estaba segura de poder describirla bien o retenerla por mucho tiempo en su mente. Parecía que la mitad izquierda de la cara era correcta, ninguna anomalía. Pero la mitad derecha era totalmente deforme, le aterrorizaba la palabra que le venía a la mente cuando la recordaba. No recordaba su nariz, ¿tenía la nariz completa? ¿media nariz? ¿o únicamente sus orificios nasales? No quería pensarlo más. No tenía pómulo, la carne de la cara era como si le colgase, los huesos de esa zona, si los tenía, no le marcaban la forma de la cara. Y lo más impactante fue el ojo derecho. Lo tenía más abajo de lo normal y más pequeño, es decir, no lo tenía a la altura del izquierdo. Era completamente redondo, no tenía la forma esa que suelen tener los ojos, así como ovalados, por la piel de alrededor. No se fijó con detalle, pero no recordaba haber visto el párpado. Y sus labios no estaban definidos, parecía que no se le podría dibujar una sonrisa nunca más.

Fue un cruce a gran velocidad, aún así, no podía quitarse la imagen de la cabeza, pero sobretodo, sintió mucha vergüenza y a la vez una gran admiración por ella, por su valor. - Nunca se sabe lo que puede ocurrir con nuestras vidas y qué asco de la gente tan cruel que existe y nos rodea que puede hacer muy infeliz una persona así, tan solo por su rostro, por no haber podido evitar un suceso provocado por el propio destino – concluyó en sus pensamientos.

2 comentarios:

Silvia dijo...

me encantaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

es genial!

escribes tan bien... a mi se me da mejor leer! :)

Lau dijo...

No está mal..
Aunque no escriba sigo leyendo ;)