17.12.08

La mujer bombín

Otro día más que cojo el tren. En esos cortos trayectos me da tiempo de observar, si no estoy envuelta en ningún pensamiento que me distraiga, las personas más cercanas que hay sentadas a mi alrededor. Hoy me he sentado, así al azar, frente a frente con la chica más rara y peculiar que he visto nunca en un tren y tan de cerca. Nuestras rodillas estaban separadas entre 5 y 7 cm, no más, es lo que tiene la separación de los asientos en los trenes. El hecho de sentarme al frente suyo, parece que le ha molestado, ella estaba tan a gusto con sus cortas piernas apoyada en el asiento de delante y ha tenido que quitarlas para que yo me sentara.



Lo primero que me ha llamado la atención de ella es el sombrero bombín que llevaba y sus gafas. Me ha parecido incluso extranjera, famosa, o salida de una película de época antigua, de unos cuantos años atrás, de tan estrafalaria y diferente que iba en comparación con los demás, aunque vestía bastante colorida. Pues eso, se ve poca gente por la calle con sombrero, y menos bombín, y menos una chica joven. Las gafas, esas que parece que se han puesto de moda de nuevo, que se llevaban en la época de nuestros padres e incluso antes, que ocupan casi media cara, cuadradas, con la montura marrón. Su piel era blanca, sus labios pequeños pero gruesos. El pelo era castaño claro ondulado que le llegaba a la altura de sus hombros, por la parte derecha asomaban dos gruesas rastas que le llegaban hasta medio tronco.



Estaba comiéndose lentamente una manzana amarilla, deleitándose con cada mordisco, la miraba con deseo y luego mordía y miraba el paisaje lluvioso por la ventana. Sus movimientos eran lentos, parsimoniosos, parecía una muñeca de porcelana, con una mirada sin objetivo, sin a penas expresión, sin sentimientos. Llevaba una bufanda enorme, marrón y blanca, que le cubría todo el cuello y el tronco, le llegaba hasta las rodillas. Iba con los auriculares puestos, con los cables de color blanco, que hacía que pareciera aún más metida en su mundo. Le ha costado reaccionar con el ¿perdona? que he soltado para que quitara las piernas del asiento donde pretendía sentarme, porque no había más asientos disponibles. No soy capaz de asignarle una edad, pero diría que podría tener entre 17 y 25, como mucho. Cara de niña tenía, pero su mirada inexpresiva, sus modales, sus movimientos no me permiten ponerle más o menos edad, aunque a saber. El asiento contiguo al que estaba ella, lo tenía ocupado con sus pertenencias. Un bolso grande negro, en el que rebuscaba de vez en cuando algo como a cámara lenta. Incluso sus parpadeos eran lentos. Como si estuviera compenetrada con el paso del tiempo, el movimiento acompasado del tren. Una chaqueta roja, rojo chillón, con botones de esos redondos, gordos y negros. Una bolsa de tela, de flores pequeñas y juntas, donde parecía llevar la compra del súper. Y un libro apoyado encima de todo eso. He intentado descifrar el título con mi vista defectuosa y me ha parecido leer “Armonía”. Un título bastante adecuado para lo que el aura de la chica representaba. No era un libro fino y la portada tenía unos tonos salmón o más bien anaranjados. Cuando estaba llegando a mi parada de destino ha guardado lentamente el libro en el bolso. Ha sentido frío, porque ha comprobado con su mano que entraba aire por alguna rendija oculta del vidrio de la ventana de detrás suyo, ha acomodado su cabeza en su bufanda y ha cerrado los ojos. Ya en mi parada, me he levantado del asiento y he ido hacía la puerta. Antes de que parara el tren, me he girado para volver a observarla, y en pocos segundos ya estaba con las piernas encima de mi asiento y apoyada en la ventana con los ojos cerrados. Volvió a su mundo de armonía, parsimonia y comodidad, aquél que yo le había interrumpido hacía 11 minutos desde que había ocupado su asiento delantero. Y a lo mejor, después de todo, es una chica tan normal. Lo que son las apariencias…

2 comentarios:

MilLer dijo...

que simples palabras , que bella lectura no queda de otra sino felicitarte .

La vida puede traer grandes sorpresas solo basta con prestarle atencion y levantar la vista de vez en cuando para poder disfrutar de bellos momentos , buenas anecdotas que recordaremos .

:D

Montse dijo...

La has descrito con tanto detalle que parece que la tenga delante! Un 10:p!

Tienes razón, lo que hacen las apariencias, te puedes llevar una idea equivocado o bien corroborarla.

Un abrazo!