Krys
Memenovela. Palabras: Soledad
Amaneció un día gris, llevaba toda la noche lloviendo y parecía que no iba a cesar en todo el día. Alberto no dudó en coger el paraguas que heredó de su abuelo, que a pesar de ser antiguo y feo, era el más fuerte y resistente que tenían en casa. Pensó, a la tercera va la vencida, esta vez ni el viento podrá con él. Se dirigía hacia el instituto y se paró delante de un paso de cebra con el semáforo en rojo para los peatones. No tuvo la suficiente picardía de no detenerse tan cerca de la carretera, pues estaba llena de charcos profundos, pero cuando se dio cuenta ya era demasiado tarde. Una furgoneta pasó demasiado cerca de la acera a toda velocidad por encima de un charco, que bañó de arriba a abajo a nuestro protagonista. Alberto maldijo en voz alta todo lo que pudo, a la lluvia, a los charcos, a su paraguas, al semáforo, al chico que conducía la furgoneta… y a su poder. No llegaba a entenderlo del todo ¿de qué le servía si no se podía cambiar el pasado ni el futuro? Se rindió y siguió caminando frustrado hacia el instituto, donde tuvo que aguantar más de una burla de sus compañeros de clase.
Creo que tendría que cambiar la pregunta a ¿Te gusta escribir ficción?, pero bueno, por el momento así se queda. Me siento un poco cansina al hablar otra vez de esto, aunque puede que haya alguien nuevo que me lea (¿hay alguien ahí? xd) que no haya llegado a leer nunca de esto en mi blog. Creo que ya es la cuarta vez que hablo del Proyecto o Grupo Memenovela (las otras veces están aquí, aquí y aquí).