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29.9.11

La chica de mi espejo


Cuando nos miramos al espejo, ¿qué vemos? A nosotros mismos. No, te equivocas. Ves a tu representación gráfica en 3D, tu físico humano. Tu Yo interno no se puede ver, solo sentir… o en el caso más extremo, conocer. Pero yo me conozco. ¿Estás seguro? No lo creo. Nuestro Yo está oculto en lo más profundo de nuestro Ser. ¿Sabes qué es el Ser? No. Eres tú, tu esencia como persona. ¿Y cómo puedo llegar a él? A través de la paz interior, un Aislamiento mental. ¿Tú lo has conseguido? No estoy segura, pero creo que en algún momento he llegado a sentirlo. El problema es que mientras la consciencia está despierta y atenta a lo que sucede es cuando más se oculta nuestro Yo. Nuestra mente podría ser su peor enemigo. Tu mente, no eres tú. Pero si yo todo lo decido con la mente... Lo correcto sería decir que lo decides a través de la mente, la utilizas. Tu Yo interno la utiliza como medio, es una sensación lo que te hace decidir, no tu mente. Entonces, esto que me cuentas está en tu Yo, o en tu mente? El conocimiento se guarda en la mente, también la utilizamos para eso, para guardar el conocimiento y extraerlo cuando nos sea necesario. Y… ¿por qué me cuentas todo esto? Porque esta mañana me he mirado al espejo y no me reconocía. 

¿Nos liamos otro? Siento que a mi Yo, le apetece…

14.7.11

Quince.


15 años
15 libros
15 errores
15 sonrisas
15 planes
15 casualidades
15 disparos
15 secretos
15 suspiros
15 pulsaciones
15 flores
15 palabras
15 lágrimas
15 silencios
15 sueños rotos



@sayCet: Visual electronic music from Paris

18.9.10

Relats conjunts 03: La salvación de nuestra especie

Vivimos en un país en el que ya sabéis que el subsuelo es nuestro refugio, nuestro hogar, pero nuestra comunidad actual ha tenido suerte de nacer junto a una de las montañas negras rocosas. El enemigo más peligroso de la zona forma parte de esa especie de gigantes que por desgracia evolucionó y se apoderó hace muchísimo tiempo de nuestro planeta. Se les llama de muchas maneras distintas, pero por esta zona se hacen llamar turistas.

Hay que tener cuidado, el 80% de los accidentes y muertes que se producen en este país son provocados por su ego destructivo de la naturaleza. El único lugar donde podemos estar completamente a salvo es en la cima de las montañas negras rocosas, pero allí, a penas hay comida y las altas temperaturas sólo son soportadas por las más fuertes y resistentes de nosotras. Las que han tenido la suerte de vivir esa experiencia, cuentan que te sientes a salvo de cualquier tipo de amenaza. Ninguna otra raza de ser vivo se acerca a esa montaña, tienen miedo de las leyendas que circulan por ahí. Allí sientes que ellos son insignificantes, te sientes el rey del mundo. Años atrás, otras comunidades intentaron excavar en esa montaña, porque sería el hogar ideal para nuestra comunidad. Pero todas acabaron muriendo en el intento. No hace falta subir hasta arriba para sentirse a salvo, pero dicen que por lo menos habría que hacerlo una vez en la vida para poder morir feliz, porque nuestra vida es tan incierta ya que mañana mismo podríamos morir.

Se siguen estudiando posibles formas para poder llegar a trasladar a nuestra comunidad al interior de la montaña, haciendo uso de los nuevos avances, porque nosotras también evolucionamos. Algún día podremos demostrar a esos gigantes egoístas que no son los dueños del mundo, y que si vivimos aquí desde hace mucho antes que ellos es por algo, somos más fuertes aunque nos ganen por tamaño. Nosotras siempre hemos sabido organizarnos y trabajar en equipo por el bien de la comunidad, ellos no son capaces ni lo serán nunca.

Bueno niñas, mañana os hablaré más detalladamente sobre esos personajes históricos que pudieron llegar a la cima sin morir en el intento, y algunas de las leyendas que circulan sobre esta montaña que, seguramente, será la salvación de nuestras futuras generaciones. Tenemos que seguir trabajando duro para conseguirlo. Poseemos la ventaja de que es lo que mejor que sabe hacer nuestra especie. Hasta mañana.


Moais. Isla de Pascua (Chile)


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Relato para la propuesta de septiembre de Relats conjunts.



Se lo dedico a mi amiga Emma,
que hoy es su cumpleaños.

¡Felicidades! Sobretodo por
seguir
trabajando duro en la vida
y ser siempre fiel a lo que crees.

27.5.10

Relats conjunts 02: Recuerdos de veranos pasados


Hacía un par de años que Carlos y yo vivíamos juntos en Barcelona. Nos iba bien y era nuestra ciudad favorita, allí podíamos disfrutar desde los rincones más silenciosos y entrañables, hasta las calles llenas de gente paseando en un día festivo. La diversidad de esa ciudad nos apasionaba.

Ricardo, era un buen amigo de Carlos de toda la vida que se había mudado con su pareja Ismael al centro de la ciudad. Eran una pareja de gays adorables y muy divertidos, me reía muchísimo con ellos y sus ocurrencias, a parte de disfrutar culturalmente de todos sus conocimientos. Nos invitaron una noche a cenar para enseñarnos su piso. Nada más entrar me llamó la atención el cuadro que tenía en la entradita, situado a la izquierda de un espejo de cuerpo entero. Se trataba de un cuadro ambientado en una playa, donde se podían observar tres barcos con una única vela triangular, blanca y gigante. Por la orilla de la playa paseaban tres mujeres cabizbajas con una cesta cada una y una de ellas sosteniendo a un bebé. Por la vestimenta de las mujeres y el estilo de los barcos seguro que representaba una escena de una época muy antigua.


-Ricardo, ¿y ese cuadro? No recuerdo haberlo visto en el otro piso.- pregunté con curiosidad.
-Es cierto, lo pintó este verano pasado Ismael. El original es de Joaquín Sorolla, y se llama "Las tres velas".
-¿Te gusta? Nunca había pintado ninguno marítimo, encontré este por casualidad y me gustó mucho. Se lo regalé a Ricardo para su cumpleaños, porque sé que le encanta la costa.


A pesar de ser una tontería, el cuadro me recordó a una situación muy divertida y anecdótica de mi infancia con mi mejor amiga, Alicia. Me hizo sonreír durante unos minutos disfrutando del recuerdo. Alicia y yo nos conocimos siendo niñas porque practicamos el mismo deporte y ella tenía una casa en Tarragona, muchas veces me invitó a veranear durante nuestra adolescencia.

Una mañana, Alicia estaba muy afónica, apenas podía hablar. Igualmente seguimos nuestra rutina matinal, ir a la playa a bañarnos y a tomar el sol, lo habitual cuando veraneas en la costa. Le sugerí que no hablara para que se pudiera recuperar más rápidamente. Nos conocíamos tanto que podíamos pasarnos las horas que quisiéramos juntas sin hablarnos, tan sólo compartiendo el silencio y nuestra compañía, haciendo lo que estuviéramos haciendo en ese momento. Ya estábamos en la playa, tumbadas tomando el sol, yo escuchaba música con los auriculares puestos. De repente, me di cuenta de que Alicia quería decirme algo. Me quité el auricular izquierdo y pregunté ¿qué? Ella señalaba el horizonte y dijo afónicamente, con un leve susurro: "Mira, los barcos..." Yo iba sin mis gafas y era imposible que pudiera divisar los barcos que seguramente navegaban a lo lejos e intentaba mostrarme. Me resultó una situación tan absurda que me empecé a reír a carcajadas sin parar. Ella, afónica que no podía casi hablar, yo, cegata perdida y después de estar horas en silencio lo único que se le ocurre decirme es que mirara los barcos... en fin.

Aprovechando la situación y el recuerdo que me devolvió el cuadro, me prometí que la llamaría al día siguiente para ver cómo estaba y para ver si quedábamos y nos poníamos al día sobre nuestras vidas. Nos habíamos ido distanciando poco a poco desde que me había mudado con Carlos y, lo típico, que llega un momento en el cada uno tira por su lado, aunque sigas recordando esos momentos anecdóticos e inolvidables que te hacen sonreír y echar de menos una época pasada.


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Otro relato para la propuesta de mayo de Relats conjunts.

A Anna y Marta,
por inspirarme en ellas
para escribir este pequeño relato.

19.4.10

Relats conjunts 01: En el dragón...


Salió de su casa un poco inquieta, nerviosa, lo que suele ocurrir en una situación así. Conocer a alguien en persona con quien llevas hablándote a distancia hace meses, horas y horas, y compartiendo tantas cosas en común, era algo que no sucedía cada día.

Vives en un pueblo de los alrededores de Barcelona, nunca has estado en ese parque a pesar de lo cerca que lo tienes y lo que significa artísticamente en la capital, pero has visto muchísimas imágenes y has conocido a Gaudí, en el colegio. Buscas cómo llegar, tren, metro, autobús… piensas en ese momento.

El día estaba soleado, era perfecto para pasarlo al aire libre. Repitió la frase clave de la conversación definitiva en su mente: “a las once en el dragón, se encuentra fácilmente”. Miró a su alrededor, eran las once, había muchos turistas, “guiris”. De repente, unas miradas se cruzaron y dos sonrisas dieron por entendido el reconocimiento. Lo único que desconocía en ese momento, era que iba a ser uno de los días más felices de su vida.


Mi primera participación en el blog "Relats conjunts"

22.3.10

¿Compartimos la soledad?

Terminó un día cualquiera para Aris y se fue a dormir, aunque como casi cada noche, tuvo que empezar a pelear contra el insomnio y sus pensamientos reflexivos indeseados que se lo provocaban. Últimamente Aris pensaba mucho en la soledad, que paradójicamente es algo que acompaña a todos. No estamos solos. Algunas veces notas más su presencia, otras menos, pero siempre está ahí. A veces la necesitas y puede venirte bien su silenciosa compañía, otras se hace demasiado pesada y te agobia. Pero Aris creía que era la amiga más leal que tenía, la que iba a estar toda la vida con ella a pesar de haber otras personas en su vida que irán y vendrán. Llegó a pensar que la vida en pareja no era cosa de dos, ni de tres, sino de cuatro: ella, su soledad, su pareja y la suya. Convivir con una pareja no era fácil, lo sabía por la anterior que había tenido. Pero ahora se daba cuenta de que no habían tenido en cuenta que había otras dos cosas que les acompañaba y que, seguramente, el no respetarlas, ignorarlas o pasar de ellas había sido precisamente lo que no había funcionado en la convivencia de los cuatro. Porque todos se necesitaban en su justa medida y primero de todo había que comprenderlo. Entonces, Aris lo tuvo claro. La próxima vez que quisiera estar con alguien no le haría la típica pregunta de ¿te gustaría salir conmigo? sino que directamente le preguntaría ¿compartimos la soledad? En el caso de que su pareja aceptara y lo entendiera sin explicaciones, sabría que esa sería la persona ideal y seguro que funcionaría mucho mejor que su anterior relación. Por el momento se lo preguntó a la almohada y después de su silencio como respuesta, comprobó que esa era la pregunta de la victoria, ya que cayó en un profundo sueño.

Krys

Memenovela. Palabras: Soledad

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17.3.10

Hasta que tu muerte nos separe

Leer inicio aquí (escrito por Silvia)

Final que presenté:

...No pude avanzar mucho más, ya que al bajar las escaleras mi cuerpo se desequilibró y caí rodando por las que me quedaban aún por bajar hasta el entresuelo. El ruido alarmó a los vecinos que acudieron en mi ayuda, tú ya estarías llegando al bar donde siempre te emborrachabas. Mi estado era bastante grave aunque por suerte habían llamado a una ambulancia que tardó pocos minutos en llegar. Los niños se quedaron en casa de las vecinas y a mí me trasladaron rápidamente al hospital. Ahora tú estás en la cárcel y yo viviendo con un hombre maravilloso que nos quiere, que cuida de mí y de mis hijos, cosa que tú nunca supiste hacer. Ojala lo hubiera conocido a él antes que a ti, aunque lo conociera en el hospital donde me llevaron después del incidente. De todas formas yo no te debo nada, tú me debes todos esos años de vida y a nuestros hijos también. Inevitablemente, las lágrimas mojaron el papel donde escribía. Púdrete en el más jodido infierno. Escribiré esta frase y todas las anteriores las veces que haga falta hasta que eso suceda. Ya habían pasado cuatro años y Pilar todavía tenía pesadillas de vez en cuando. Su psicóloga le había recomendado escribir las peores situaciones vividas por su culpa o las mismas pesadillas que tenía. Luego debía quemar los escritos y observar cómo lo hacían lentamente hasta desaparecer, todas las veces que hicieran falta hasta que no lo necesitara hacer más. Como si observara cada vez ese infierno donde deseaba que él se pudriera. Sólo así podría descansar y vivir en paz.

5.3.10

Miércoles mojado

Amaneció un día soleado. Alberto se levantó de la cama con sueño, como cada mañana. Realizó su rutina de cada día antes de dirigirse al instituto, cogió la mochila y se dispuso a caminar los treinta minutos que tenía hasta allí. Hacía mucho viento, enseguida el cielo se volvió gris y empezó a caer un diluvio. No había cogido el paraguas por el buen tiempo que parecía que haría ese día. Llegó al instituto calado hasta los huesos.

Amaneció un día nublado, amenazaba lluvia. Esta vez Alberto cogió el paraguas. A medio camino del instituto empezó a llover. Hacía demasiado viento, tanto que le dio la vuelta a su paraguas del mercadillo y lo terminó rompiendo. De nuevo, Alberto llegó al instituto como si se hubiera dado una ducha por el camino.

Amaneció un día gris, llevaba toda la noche lloviendo y parecía que no iba a cesar en todo el día. Alberto no dudó en coger el paraguas que heredó de su abuelo, que a pesar de ser antiguo y feo, era el más fuerte y resistente que tenían en casa. Pensó, a la tercera va la vencida, esta vez ni el viento podrá con él. Se dirigía hacia el instituto y se paró delante de un paso de cebra con el semáforo en rojo para los peatones. No tuvo la suficiente picardía de no detenerse tan cerca de la carretera, pues estaba llena de charcos profundos, pero cuando se dio cuenta ya era demasiado tarde. Una furgoneta pasó demasiado cerca de la acera a toda velocidad por encima de un charco, que bañó de arriba a abajo a nuestro protagonista. Alberto maldijo en voz alta todo lo que pudo, a la lluvia, a los charcos, a su paraguas, al semáforo, al chico que conducía la furgoneta… y a su poder. No llegaba a entenderlo del todo ¿de qué le servía si no se podía cambiar el pasado ni el futuro? Se rindió y siguió caminando frustrado hacia el instituto, donde tuvo que aguantar más de una burla de sus compañeros de clase.


Palabra: Paraguas (Memenovela)




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5.1.10

De ciencia ficción y polvos blancos

Son las 9:00, estamos en Sants y llega nuestro tren dirección Valencia. Subimos al vagón número 5 y nos acomodamos en nuestros asientos. Son cómodos y anchos, será un viaje agradable... Dos chicas jóvenes, rondando los 30, se han sentado en la fila de delante mío, en los asientos del otro lado del pasillo. Una morena y otra rubia, vestidas como si salieran de fiesta. Parecen muy animadas. La morena lleva las uñas pintadas de color plateado, la rubia las lleva rojas. Cantan bastante. La rubia lleva maquillaje en exceso en la cara, viste con una camiseta fashion con un dibujo infantil, como está de moda ahora, tejanos largos y botines plateados, a juego con las uñas de su acompañante. La morena calza unas botas altas y lleva medias negras, una falda corta tejana, una camiseta blanca y un chaleco negro.

Las azafatas del tren nos han repartido auriculares, podrán una película... en el momento de saberlo pensé que sería una película mala cualquiera. El tren nos da la bienvenida por los altavoces y nos desvela el título de la película: ¡Star Trek XI! Vaya, una de este año y que además he visto, pero no estuvo nada mal. Pensé en verla, así se pasaría el trayecto más rápido. Al empezar la película empiezo a alucinar. Desde mi asiento veo a las dos chicas que he comentado antes. Veo que la rubia, sentada en el asiento de la ventana, sostiene una tarjeta en la mano, la morena, un billete de 5 euros enrollado. Sobre la mesa blanca del asiento delantero de la rubia veo unos polvos blancos sospechosos. ¡Se está preparando una raya! Tenían aspecto de estar animadas desde el principio, pero no pensaba que era para tanto... por la cara que llevaban no creo que que fuera la primera que se metían en el día. Ahora es cuando pienso que están viajando de empalme, después de salir de fiesta, y que no habrán dormido nada. Primero la rubia... ssssnnifff, luego la morena... sssssssnnifff. No sé cómo los del asiento de su lado no se están dando cuenta, igual sí y no dicen nada, como yo... o igual no, porque están atentos a la película o están dormidos, yo no les veo. Creo que soy la única que las ha visto y me da palo comentárselo a mis compañeras por si me escuchan. Después de la esnifada, la morena se lleva las manos a la cabeza; parece que ha notado enseguida el chute. Durante la primera parte de la película han estado en la cafetería, seguramente bebiendo unas Voll Damm, ya que la morena ya llevaba una de ellas al empezar el trayecto. También han estado entrando y saliendo del lavabo juntas, seguramente metiéndose alguna que otra raya más. Durante la película me doy cuenta que aparece el actor que interpreta a Demetri Noh (John Cho) en Flash Forward, y decubro que me sonaba al verlo en la serie de haberlo visto anteriormente en esa peli. También reconozco a una actriz que sale nada más un momento en la película y que tiene un papel secundario importante al final de la segunda temporada de Private Practice (spoiler: la psicópata que raja la barriga de Violet para sacar a su bebé), me ha hecho gracia. A las 11:10 ha terminado la película, ahora tocaba documental. Esperaba que no fuera de tortugas gigantes o castores, sino mi sueño de hoy hubiera sido premonitorio. Vaya... ya podría haber sido de otro animal, pero nada, es de comida. Ya les vale, con la hora que es y yo habiendo desayunado a las 7:30, pues entra hambre.

En fin, voy a matar el tiempo escribiendo estas líneas, describiendo mi viaje en tren hacia Valencia donde he visto una película de ciencia ficción y dos tías metiéndose una raya, tal y como lo recordaré siempre. Son las 11:33 y el tren va a 200 km/h, ya sólo falta media hora para que lleguemos. Veo que de vez en cuando pasan, corriendo o jugando, niños pequeños sin ningún tipo de preocupación y entonces pienso que, hace tan sólo un par de horas antes, dos chicas se estaban metiendo, a simple vista, una raya cada una. ¿Para qué? ¿Y si los niños hubieran pasado en ese instante y lo hubieran visto?


Basado en hechos reales.

2.12.09

Rostros de (in)felicidad

Salió de su casa, si esa habitación donde vivía podría considerarse así, después de comer lo que había conseguido el día anterior de los contenedores de los supermercados. Como cada día al anochecer, recoger las sobras que los supermercados no podían vender, era parte de su rutina cuando éstos cerraban. Aún viviendo así, era feliz y no lograba entender cómo los rostros de cientos de personas que se cruzaba diariamente en la ciudad indicaban lo contrario, cuando seguramente tenían un hogar decente, una familia, amigos y mejores ropas, salud y buena alimentación. Las circunstancias de su vida lo habían dejado solo y arruinado, a él y a su talento musical que nunca nadie supo reconocer. Pero tenía esperanza y mucho tiempo libre, hasta que la mujer de negro le acabara secuestrando como ya había intentado hacía un par de años, suerte que esa vez logró escapar.

Se pasaba las mañanas y las tardes en el metro de Barcelona, yendo de una línea a otra, tocando con su clarinete canciones alegres, acompañadas del sonido del piano emitido por un cassette que conservaba desde hacía años. Quizás algún día alguien reconociera su talento, pero ese no era su objetivo principal. Cuando entraba en cada vagón, las personas que lo miraban y se daban cuenta de su presencia lo hacían con recelo y cansancio. Pero sus caras cambiaban al oírle tocar. Le sorprendía la infelicidad que mostraba cada rostro, el estrés, el aburrimiento, el cansancio y únicamente les quería mostrar lo sencillo que resultaba ser feliz, como lo era él, a través del sonido que podía crear con su fiel instrumento. No hacían falta palabras antes de empezar, se darían cuenta de su presencia. Cuando llevaba pocos segundos tocando, podía ver, de reojo, cómo los que llevaban auriculares se los quitaban y le escuchaban atentamente, cómo los niños se quedaban con la boca abierta mirándole fijamente o los bebés apagaban sus llantos, cómo los rostros más serios esbozaban una pequeña sonrisa o cómo algunas personas acompañaban el ritmo de la música moviendo uno de sus pies, sus manos o la cabeza. Estos pequeños gestos le llenaban y era lo que le daba energía para seguir viviendo con esperanza.

A pesar de que cada vagón fuera distinto, ocupado por personas distintas, solía suceder lo mismo aunque no siempre era así. Más de una vez lo habían humillado ciertos energúmenos que aparentan ser personas pero que no llegan a serlo, sin ninguna razón. Se había llevado alguna paliza, incluso le habían robado las pocas monedas de propina que había podido recoger con su vaso de plástico en una jornada de crisis. Pero no le importaba, valía la pena, porque sabía que el tiempo iba a poner a esa especie minoritaria en su lugar. Cuando llegaba a su casa, después de recoger lo que podía de las sobras de los supermercados para poder comer al día siguiente, cenaba y se tumbaba en su cama para dormir.

Antes de dormirse hacía repaso mental de su día y a veces se preguntaba qué pensarían las personas de él. Si les había llegado tanto que se acordarían, aunque fuera durante ese único día o, simplemente, el momento de felicidad que les transmitía se volvería a desvanecer al dejar el metro. Veía miles de caras diferentes durante cada día y sin que se dieran cuenta, se fijaba en algunas de ellas y tenía curiosidad por saber algo de sus vidas. ¿Por qué no podría pasar que también se fijaran en él? Quién sabe… a lo mejor algún día, alguien lo recuerda y escribe algunas líneas sobre él y su clarinete, imaginando cómo podría ser su vida realmente. Claro, sólo sería posible imaginarlo, porque él era el único conocedor de esa verdad.

Safe Creative #1002255621503

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Historia ficticia basada en un clarinetista de metro que un día me hizo sonreír, evadirme de mis pensamientos y mover el pie al ritmo de su música.

2.10.09

Inesperada-mente


Me gusta empezar a escribir algo sin saber cómo va a acabar. A veces, puede acabar demasiado pronto, otras veces se hace más largo. También puede no acabar nunca o, simplemente, no empezar… como ésta.


Att. InspiraciónZero

23.9.09

Realidades paralelas


Se despertó y lo primero que hizo fue encender el portátil. Tenía que escribirlo, escribir lo que había soñado sin dejarse ningún detalle. Por primera vez, se acordaba de todo y antes de que se le olvidara –que podía ser en cuestión de minutos, horas, quién sabe- debía escribirlo. Había sido el mejor sueño de su vida desde que era consciente de que lo que vivía por las noches no sólo eran sueños, sino que podían ser realidades paralelas. Que si podían suceder allí, también era posible que pudieran suceder aquí. Y porque en ese sueño había descubierto algo, la clave de algo importante. Algo que posiblemente podía definir su vida, quién era y qué era lo que tenía que hacer a continuación, para poder ser feliz finalmente. Porque si esas realidades paralelas que vivía por las noches eran ciertas, estaba muy cerca de poder llegar al clímax, de llegar a la verdad máxima de su vida. Pero sólo podría conseguirlo si lograba retenerlo en su memoria y la única forma era esa…

13.5.09

Gusanos de goma

Ese día había madrugado, se me hizo eterno. No estuve en casa en todo el día, llegué a las nueve de la tarde. Fui directamente a mi habitación, dejé las cosas por ahí de cualquier manera, me puse el pijama, me tumbé en la cama, cerré los ojos e intenté relajarme. Me llamaron desde la cocina para ir a cenar, resoplé y me dirigí hacia allí.

Estaba la televisión encendida y en las noticias destacaban lo de siempre: una mujer fallece unas horas después de haber llegado al hospital porque su marido le ha clavado varias cuchilladas; accidente de un autobús escolar en una carretera nacional porque el conductor había bebido y perdió el control, más de la mitad de pasajeros muertos y el resto gravemente heridos, el conductor salió por la ventana y tiene heridas leves… y finalmente los deportes, lo más aburrido de todo: no hace falta que lo repitan, ya se sabe quién va a ganar la liga este año… Cuando iban a dar el tiempo entonces mi hermano me dice: ¿has visto lo que te he dejado en el escritorio? No tenía ni idea, ni me había fijado: no, luego lo miro…

Terminaron de dar el tiempo, tormenta para mañana, qué bien. Acabé de cenar y me fui directa hacía mi habitación, ya no recordaba lo que me había dicho mi hermano. Fui a encender el portátil y allí estaba, la vi, una bolsa llena de golosinas. Tenemos la costumbre de que cuando uno u otro va a comprar chuches le guarda unas pocas al otro. Fue como una salvación, hacía ¿meses? que no comía, además el azúcar me iba a ir muy bien para el cansancio acumulado de todo el día, incluso de toda la semana, ya que era viernes. Huevos, dientes, corazones, nubes, ositos, tochos, lenguas,… y ¡se había acordado de cuáles eran mis preferidas! Los gusanos de goma, cómo no, había más cantidad y me los dejé para el final.

Y terminé el día saboreando esa golosina, casi sentía placer al comerla lentamente. Saboreando su textura, palpando su sabor artificial, disfrutando de sus colores. Hizo que me olvidara completamente del largo y espeso día y lo agradecí. Esa noche me iba a ir con la mente despejada, lejos de las preocupaciones, gracias a unos bichitos artificiales que en la realidad no me podían dar más asco. Y entonces esa noche soñé con gusanos… de golosina y al día siguiente me desperté con un dolor de estómago considerable.


Palabra: Golosina

10.5.09

Un café, una declaración...

Pensó en un café, un café de esos de más de una hora, en el que el tiempo pasa sin darse cuenta. Así tendría un buen margen para decidir el momento exacto, las palabras adecuadas; aunque ya se había imaginado miles de diálogos posibles, varias situaciones en las que ninguna acababa del todo bien, al menos como le gustaría. Era realista y sabía perfectamente que en un principio, se podía ir olvidando del sí dejando lugar a un muy remoto puede y a un muy probable olvídalo. Pero necesitaba decírselo, no podía aguantar más, ya le había dado demasiadas vueltas.

Se sentaron en una mesa un poco retirada, pues les gustaba la tranquilidad y allí podrían hablar mejor y decirse todo lo que tuvieran que decirse. Ella no se esperaba nada, no tenía ni idea de lo que su acompañante tenía en mente, ni se lo imaginaba. Un camarero mulato y bajito se les acercó: ¿Qué van a tomar? Un café con leche. Yo otro, por favor. Enseguida se lo traigo. Gracias. Se quedaron mirando un rato a los ojos. Pensaba en lo mágico que era aquel momento, en lo más mágico que podría ser si ella sintiera lo mismo. Le encantaba su mirada, tímida y tranquila a la vez, le transmitía mucha paz y se sentía muy a gusto a su lado. Se paraba el tiempo cada vez que le miraba de esa forma. No pudo evitar una tímida sonrisa y entonces ella rompió el hielo y empezaron a hablar de todo un poco. Era una situación un poco extraña, se habían visto poco pero en cambio se conocían bastante bien. Trajeron los cafés.

Estaba impacientándose, le estaban empezando a entrar las dudas… ¿estaría bien decírselo? ¿cómo se lo tomaría? ¿qué pasaría luego? Alzó la taza para dar el primer sorbo, pero le tembló el pulso y derramó un poco, dejando la taza de nuevo en la mesa. Ella le preguntó si se encontraba bien y entonces no pudo aguantar y lo soltó, antes de lo previsto: Me gustas. Lo dijo mirándole fijamente a los ojos, esos ojos llenos de timidez que le hacían temblar. Ella desvió la mirada y agachó la cabeza tímidamente y a continuación dijo: Tú también me gustas, pero amistosamente hablando, me siento muy a gusto cada vez que hablamos.

Lo sabía, la típica respuesta, la primera excusa que se te pasa por la cabeza en una situación así, sin pensar, sin ni tan siquiera planteártelo. Tranquila, lo siento, debía decírtelo, no podía aguantar más, no podía mentirte. No pasa nada. Sí que pasa, me gustaría plantearte algo. Me gustaría que te lo pienses bien, esperaré. Quiero que al menos te plantees la opción de conocerme, de dejar que me conozcas y mostrarte todo lo que quiero y puedo ofrecerte. De la misma forma también quiero conocerte mejor, aunque me asuste. ¿Te acuerdas de cuando hablábamos de lo difícil que es encontrar a alguien? ¿A alguien, que te guste y tú también le gustes? Debería ser más fácil, pero no lo es. Me gustaría que lo pensaras de verdad. Sólo te digo que te puedo ofrecer todo aquello que él no te pudo dar cuando tú lo querías, siempre he querido dártelo aunque tú no lo querías de mí sino de otra persona. Pero como siempre hemos dicho, es difícil coincidir. Aquello de arriesgarse y tal, y las consecuencias que eso traía. Por eso, déjame dejar que me conozcas mejor. No sé qué decir, pero sé que no te puedo decir que no a eso, así que… podemos intentar conocernos mejor. No pudo evitar sonreír de nuevo y acariciarle la mejilla derecha suavemente. Ella bajó la vista y sonrió también tímidamente. Hubieron algunos momentos de silencio pero volvieron a entablar conversación y antes de salir de la cafetería se cruzaron un par de miradas de complicidad.

Palabra: Café (Memenovela)

24.4.09

La puesta de sol

Antesdeayer soñé que un meteorito gigante caía del cielo y partía la Tierra en dos, creando unos inmensos barrancos hacia el vacío, el mismo infierno. Era imposible escapar, ese vacío te absorbía. El terror, los gritos y la caras de las personas que estaban cayendo a mi alrededor fue una de mis peores pesadillas. Y cómo no, cuando me tocó el turno de caer, me desperté de un sobresalto.

Ayer hizo un día horrible, un día de esos grises imprevisibles. Lo típico del verano, que si ahora sale el sol, que si aparecen nubes negras y cae un tormentón que dura solo unos minutos. Nubes, rayos, truenos, lluvia, sol, arco iris. Uno de esos días que te retienen encerrado un día cualquiera de verano. Espero que mañana haga mejor.

Hoy ha sido completamente distinto, espléndido. Hemos ido de excursión y al volver, iba sentada en el coche en la parte de atrás. Miraba por la ventanilla y me entretenía jugando con mi mente y las nubes. El cielo estaba muy azul y habían algunas nubes de esas independientes con las que poniendo un poco de imaginación puedes reconocer formas, objetos, animales… me parece algo curioso y me encanta hacerlo. Hoy he visto un dragón echando fuego por la boca.

Mañana intentaremos llevar a cabo otros planes, si el tiempo nos lo permite. Espero que el cielo esté aún más despejado que el de hoy, para que se puedan ver las estrellas. Aunque la contaminación sea una capa que está ahí y no colabora demasiado. Pasaremos la tarde en la playa, disfrutando de la brisa y el olor del mar y de unas partidas a las cartas, seguramente. Voy a meterlas ya en la mochila, no vaya a ser que se me olviden. El objetivo es poder ver la puesta de sol con esas personas especiales, a las que se suele llamar amigos, y pasar la noche allí. Esa puesta de sol tan famosa y mágica de la que habla todo el mundo, que sólo se puede ver en esta playa y que nosotros, como vivimos en el interior, no hemos podido disfrutar nunca. Dicen que empieza a oscurecer, el cielo se vuelve naranja y se ve un sol enorme en el horizonte intentado huir del día escondiéndose dentro del mar. Ha llegado su hora de ir a domir. Entonces es cuando toma protagonismo la luz de la luna y las estrellas y es el momento de tumbarse en la arena, sobre las toallas, para poder contemplarlas y reflexionar. Tranquilidad, tan solo escuchando las olas invisibles que surgen de ese mar oscuro que tanto miedo me da. Por eso, tengo pensado centrarme en el cielo de color y humor cambiantes. Ese cielo infinito que me transmite tanta libertad y que puede que sea la única salida para escapar, de un posible fin del mundo…




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Este texto está escrito por el motivo de la actividad Palabras que llevamos a cabo en el grupo de escritores que llevo: Memenovela. Cada semana se propone una palabra y se escribe sobre ella, o algo relacionado con ella. Y esta semana, la palabra era: Cielo
. La de la semana pasada fue Internet, y la primera que propusimos: Escribir, donde presenté un texto que ya había escrito hace bastante tiempo.


16.4.09

Amistad casual

Navegando de un sitio a otro encuentras de todo. Todo tipo de noticias, de imágenes, de opiniones, de frikadas, de personas…

Empezamos a hablar y mi primera sensación fue que teníamos varias cosas en común que nos permitirían seguir hablando, seguir en contacto. No lo perdimos durante meses. Corrijo. No lo hemos perdido durante meses. Cada vez nos íbamos conociendo más profundamente. Explicábamos nuestros problemas con total naturalidad, nos entendíamos, apoyábamos y aconsejábamos. Creamos un fuerte enlace de confianza. Hubo varios intentos de quedadas fallidos. A pesar de la confianza que había existía ese algo de desconfianza. Se oye mucho eso de que no te puedes fiar. Aunque de todas formas, yo creía que no pasaría nada. Y entonces quedamos y pasó.

Fue raro al principio, como se esperaba, pero duró poco. Algunos temas planeados, algunos silencios incómodos esperados pero superados con risas y humor. Nos hicimos visibles en persona pero la confianza siguió siendo la misma. Es lo que pasa cuando se es sincero. Me atrevería a llamarle una gran amistad, un regalo de Internet y de las casualidades. Un descubrimiento del que todavía me queda mucho por descubrir.


Palabra: Internet

15.4.09

Silencio eterno

- A ver si se te mejora eso.
- Bueno, y tú también, a ver si mejoras.

Después de eso, silencio. Silencio eterno. Quizás era la única solución al dolor, a la enfermedad: la paz y el descanso. Por esa regla, es posible que fuera mejor. Ochenta y tres años de vida sana y plena, exceptuando el último año y medio, es todo un logro. Una larga vida bien vivida, más de una persona hubiera querido tener eso, le tienen envidia, fijo.

Sus bromas, su vitalidad, su persona siempre divertida… ya no pertenecen a su anterior cuerpo material. A partir de ahora, su esencia pasa a formar parte únicamente de nuestros recuerdos.

23.3.09

El rostro

Iba andando por la calle, como muchas otras veces, hacia la librería, a comprar uno de los tantos libros que le encargaba su madre. La chica, normalmente caminaba cabizbaja, pensando en sus cosas, escuchando música, sin fijarse mucho en su alrededor ni en las personas anónimas con las que se cruzaba. Ese día, precisamente, no llevaba los auriculares puestos, porque se le habían gastado las pilas del mp3. Estaba llegando ya a su destino, cruzó por un paso de cebra y en dirección contraria a la suya cruzaba también una mujer corriendo, imaginó que tendría prisa. Le dio por levantar la cabeza, acto reflejo que se hace cuando alguien pasa cerca de ti corriendo, y vio su cara.

Siguió caminando pero su cabeza había dejado de pensar, se bloqueó por un momento. No sabía si lo que había visto era producto de su imaginación o era real. Pensó que ojala hubiera sido irreal, por ella, pero creyó que no podía haber tenido una visión así, sino es que estaba mal de la cabeza. De repente, le invadió un sentimiento de vergüenza, de sí misma, por quejarse o sentirse incómoda alguna vez por tonterías en comparación. En este caso, se trataba de la cara, porque de eso se trataba, de la cara de esa mujer, porque quejarse, se queja todo el mundo de todo. Fueron pocos segundos que la vio, por eso no estaba segura de poder describirla bien o retenerla por mucho tiempo en su mente. Parecía que la mitad izquierda de la cara era correcta, ninguna anomalía. Pero la mitad derecha era totalmente deforme, le aterrorizaba la palabra que le venía a la mente cuando la recordaba. No recordaba su nariz, ¿tenía la nariz completa? ¿media nariz? ¿o únicamente sus orificios nasales? No quería pensarlo más. No tenía pómulo, la carne de la cara era como si le colgase, los huesos de esa zona, si los tenía, no le marcaban la forma de la cara. Y lo más impactante fue el ojo derecho. Lo tenía más abajo de lo normal y más pequeño, es decir, no lo tenía a la altura del izquierdo. Era completamente redondo, no tenía la forma esa que suelen tener los ojos, así como ovalados, por la piel de alrededor. No se fijó con detalle, pero no recordaba haber visto el párpado. Y sus labios no estaban definidos, parecía que no se le podría dibujar una sonrisa nunca más.

Fue un cruce a gran velocidad, aún así, no podía quitarse la imagen de la cabeza, pero sobretodo, sintió mucha vergüenza y a la vez una gran admiración por ella, por su valor. - Nunca se sabe lo que puede ocurrir con nuestras vidas y qué asco de la gente tan cruel que existe y nos rodea que puede hacer muy infeliz una persona así, tan solo por su rostro, por no haber podido evitar un suceso provocado por el propio destino – concluyó en sus pensamientos.

12.3.09

Sigilo, secretos


Caminaba sigilosamente, despacio. No dejaba que mi peso incidiera demasiado en mis pisadas. El ruido podía hacer que se dieran cuenta que estaba allí y eso no hubiera estado bien. No era lo correcto, yo no debía estar allí. De todas formas con la música no creo que me escucharan. Había logrado subir las escaleras de madera que tanto crujían. Había evitado los crujidos, con mucha concentración. Ahora sólo faltaba llegar al final del pasillo, y abrir la puerta. Esa puerta que siempre me habían prohibido. Al fin iba a descubrir el secreto que guardaba. Había robado la llave. No me sentía mal por haberla robado, no merecía que fuera la única de la casa a la que excluían. Necesitaba saber por qué, ya tenía una edad, ya no era una niña. Estaba nerviosa, pero tenía que mantener la calma para que el pulso no se me acelerara ni se me intensificara la respiración. Concentración. Había llegado a la puerta, la puerta roja, la puerta prohibida. La cerradura era negra y la llave blanca. Bonito contraste. Introduje la llave y giré suavemente. El clic sonó delicadamente. Ya estaba, sólo tenía que empujar. Dudé unos momentos y empujé. Una luz cegadora hizo que retrocediera unos pasos. Con la cara medio tapada, me fui acercando al interior de la habitación y entonces lo pude ver. El misterio estaba resuelto. El secreto dejó de serlo y esa noche, al fin, podría dormir tranquila.


25.12.08

El señor de rojo

Eran las 11 y media de la noche, acababan de cenar. Los tíos, primos y abuelos, después de ponerse las botas cenando y de hablar de temas absurdos e incomprensibles para él se fueron rápido a casa. Estaba nervioso, dudaba de si sería capaz de dormirse enseguida o no, porque él podía llegar en cualquier momento y no debería encontrarle despierto. Sus padres le dieron las buenas noches y se fueron todos a dormir. El comedor compartía pared con su habitación y allí se encontraba el árbol de Navidad, con los pares de zapatos de su hermana, sus padres y sus zapatillas preferidas bien colocados. Había dejado un vaso de leche, porque su madre siempre le decía que tenía una cosa que se llamaba calcio y que daba fuerza, y pensó que el señor de la barba blanca, gordo y de traje rojo necesitaba mucha para llevar y repartir los regalos a todos los niños en esa noche. Esperaba que no tuviera alergia o algo y le gustara, no quería que se enfadara porque en parte le daba un poco de miedo con esa voz tan grave.



No podía evitar estar nervioso, cualquier pequeño ruido le sobresaltaba incluso los de su propia imaginación, al pensar que era él y que estaba dejando los regalos. Sabía que podía llegar en cualquier momento. Estaba tumbado en su cama, tapado hasta arriba, con las sábanas, la manta y el edredón. Cerraba los ojos pero la intranquilidad no le dejaba dormir. Muchas veces se había preguntado cómo un señor tan gordo podía caber por las chimeneas y entrar en todas las casas, seguro que con algún tipo de magia. Pensó en que ellos no tenían chimenea, entonces seguro que entraría por el balcón ya que había visto muchos Papa Noeles de mentira colgados de los balcones, como el suyo. Seguramente era una señal, una pista, para que no tuviera que perder el tiempo buscando la chimenea inexistente y pudiera encontrar directamente la entrada.



Justo en ese instante, escuchó un ruido en el tejado, se asustó, seguro que era él. Se agarró fuertemente a su peluche favorito, una tortuga bastante grande que le habían traído los Reyes Magos el año pasado, con la que dormía siempre y la que le daba seguridad y compañía por las noches. Pocos segundos después escuchó unos ruidos sospechosos al otro lado de la pared. Era él, estaba seguro, cerró los ojos e intentó mantenerse lo más quieto posible para que no se diera cuenta de que estaba despierto. También se escuchaba la rueda del hámster girar rápidamente, seguro que le había despertado y estaba inquieto por ver a un desconocido entrando en casa por la noche. De todas formas, deseaba que también le dejara algún regalo al animal, ya que era inevitable que lo viera despierto durmiendo en la misma habitación donde tenía que dejar los regalos. No había pensado en acogerlo en su habitación ese día.



Parecía que ya no se escuchaba nada, ya había dejado los regalos, estaban ahí, pero no podía levantarse a mirarlos por si aún no se había ido el señor, no le podía descubrir de ninguna manera. Así que se tranquilizó y pensó en levantarse pronto al día siguiente para ver si le había traído aquello que tanto deseaba y tenía curiosidad también por ver también los regalos de los demás. Cerró los ojos y tardó pocos minutos en dormirse.